La Soledad.
Miércoles 21. Centro Cultural Palacio de la Audiencia. 20:15 h

España, 2007
Wanda Vision
Director:
JAIME ROSALES
Guión:
JAIME ROSALES y ENRIC RUFAS
Fotografía:
ÓSCAR DURÁN
Montaje:
NINO MARTÍNEZ SOSA
Director Artístico:
ION ARRETXE
Productores:
JAIME ROSALES, JOSÉ Mª MORALES y RICARD FIGUERAS
Productora Ejecutiva:
MARÍA JOSÉ DÍEZ
Intérpretes:
SONIA ALMARCHA, PETRA MARTÍNEZ, MIRIAM CORREA, NURIA MENCÍA, MARÍA BAZÁN, JOSÉ LUIS TORRIJO, JESÚS CRACIO, LLUÍS VILLANUEVA, JUAN MARGALLO
Duración:
130 minutos
www.wandavision.com

Festival de CANNES: Selección Oficial “Un Certain Regard”

 

La vida sigue

Adela (Sonia Almarcha) es una joven separada, que tiene un hijo de un año. Vive con su padre en un pueblo del norte de León. Su ex, Pedro (José Luis Torrijo), no es mal tipo, pero le racanea el pago de la pensión (y hasta le pide dinero a ella). En un acto de valentía, Adela decide cambiar su vida y abandonar los tranquilos prados para irse al ajetreo de Madrid. En la capital, encuentra trabajo como azafata (de congresos) y comparte piso con dos agradables jóvenes, Carlos (Lluís Villanueva) e Inés (Miriam Correa).

La madre de Inés, Antonia (Petra Martínez) es viuda, pero ha encontrado compañía y afecto en Manolo (Jesús Cracio). Tiene un pequeño supermercado de barrio. Su hija Helena (María Bazán) pretende comprarse un piso en la playa, y para ello le pide dinero prestado a Antonia, presionándola para que venda su propia casa y se vaya a vivir a la de Manolo. Esto crea un duro enfrentamiento entre Inés y Helena. Por su parte, la hermana de ambas, Nieves (Nuria Mencía) tiene que someterse a una delicada operación...

Nuestra vida es en gran parte rutina”, dice el director Jaime Rosales. “Sólo la muerte entra sin avisar. No estamos preparados para enfrentarnos a ella, rodeados de tanto consumismo y falsa felicidad, y eso que sabemos que llegará”. En La soledad, Rosales nos presenta, de manera minuciosa e hiperrealista (los personajes planchan la ropa en tiempo real), esa rutina de la vida diaria de sus dos protagonistas, Adela y Antonia, y de las personas que existen a su alrededor. Pequeños asuntos cotidianos (el piso, el trabajo, hacer la comida, cuidar al niño). Sentimientos comunes (rencillas entre hermanas). De pronto, todo queda alterado por un suceso brutal y repentino... Y luego la vida tiene que recomponerse. Rosales señala: “Estamos diseñados para sufrir y también para superar el sufrimiento. Somos seres duros y sensibles, pero al final nuestra dureza supera nuestra sensibilidad. La película retrata momentos de dureza y momentos de fragilidad en la vida de los personajes. Al final, la vida continúa siguiendo su curso a través del tiempo”.

La película se rodó en verano de 2006, en Sabero y Cistierna (León) y en Madrid, con el mismo equipo (coguionista, fotografía, montaje, sonido y producción) del anterior largo de Jaime Rosales, Las horas del día (2003). El director considera que su deber no es sólo contar una historia, sino también encontrar “nuevas formas de percepción... maneras nuevas de mostrar imágenes o enlaces entre imágenes”. Aquí entra el novedoso recurso narrativo que Rosales ha bautizado como “polivisión”: la pantalla panorámica se divide en dos mitades, cada una de las cuales corresponde a un punto de vista diferente sobre la misma escena: a veces, son dos ángulos sobre el mismo espacio (la cocina vista desde dos posiciones distintas), otras veces, es una visión simultánea sobre dos fragmentos de un espacio escénico más amplio (el salón y el pasillo)... La polivisión aspira a diferenciarse de la pantalla partida que hemos visto en muchas películas (por ejemplo, de Brian De Palma), por su pretensión de crear un código homogéneo, a partir de un conjunto de reglas, para aportar un sistema de percepción distinto al formato natural (Rosales: “El reto y la dificultad han consistido en lograr un cierto distanciamiento y ruptura respecto a la lectura natural sin que dicha ruptura suponga un freno al tránsito de emociones”).

Alrededor de una tercera parte del film está rodada en polivisión... Y el uso más interesante de ella se produce en las conversaciones entre dos personajes, en las que el tradicional plano-contraplano se sustituye por la presentación simultánea de un plano frontal de un personaje y un plano de perfil del otro, como sucede en una poderosa escena dramática entre Adela (Almarcha) y Pedro (Torrijo)... Si en otros momentos la polivisión nos puede parecer un recurso un tanto artificioso, en escenas como ésa revela todo su potencial de hacernos mirar de otra manera la emoción de los personajes. (Al mismo tiempo, fueron escenas técnicamente complicadas de rodar, puesto que los dos planos no se filmaron simultáneamente, con dos cámaras, sino de manera separada; los actores necesitaron una gran concentración para mantener la sincronización a la vez que experimentaban las emociones de la escena).

Aunque La soledad es una película de y sobre emociones, Rosales ha buscado (como ya hiciera en Las horas del día) un tratamiento anti-dramático, deliberadamente gélido en la superficie. No hay música que nos dicte qué sentir... En el rodaje, el director no permitió llorar a los actores, ni en escenas en que las lágrimas salían de manera natural. Rosales ha reunido un extraordinario reparto. No son rostros muy conocidos para el gran público, pero tienen solidez y experiencia en cine, teatro y televisión (“el objetivo ha sido lograr un elenco muy transparente que facilitara la adhesión del público y un tipo de actor que se sintiera cómodo introduciendo pequeñas improvisaciones dentro de las escenas descritas por el guión”). Todas las críticas han resaltado ya el sobresaliente trabajo, tan profundo como lleno de naturalidad, de las dos protagonistas, Sonia Almarcha y Petra Martínez, así como de las otras actrices principales (Miriam Correa, María Bazán, Nuria Mencía). Pero también hay que subrayar el de los actores masculinos, capaces de dotar de entidad a sus personajes con menos minutos en pantalla (o pantallas), sobre todo el excelente José Luis Torrijo y el veterano Jesús Cracio.

Roberto González Miguel


JAIME ROSALES
Director

El director Jaime Rosales (Barcelona, 1970) ha estudiado en la mítica Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba), y en la Australian Film Television and Radio School (Sydney). Ha dirigido los cortos Virginia no dice mentiras (1997), Palabras de una revolución (1998), Episodio (1998), Yo tuve un cerdo llamado Rubiel (1998) y La pecera (1999). Su primer largometraje, Las horas del día (2003), que ganó el premio FIPRESCI en el Festival de Cannes. La soledad (2007) también ha sido seleccionada para Cannes (sección Un Certain Regard) y ha sido reconocida por la crítica como una obra maestra.

RGM